En un escenario donde el sol tejía sus rayos entre las montañas de Chinauta, los estudiantes de grado undécimo vivieron una experiencia transformadora durante su última convivencia en el mes de febrero. Nuestros jóvenes se sumergieron en un viaje introspectivo que les permitió explorar sus emociones y contemplar el horizonte de sus futuros.
A través de dinámicas experienciales, moldearon el barro de sus propias historias y trabajaron en el reconocimiento y la gratitud hacia sus padres. La jornada fluyó entre momentos de reflexión y alegría, ofreciendo también espacios para fortalecer los lazos fraternales entre compañeros. Las aguas de la piscina se convirtieron en el escenario perfecto donde las risas y la camaradería flotaban libremente, tejiendo una red invisible de memorias compartidas.
Los estudiantes, disfrutaron de cada instante de su convivencia. Las reflexiones profundas se entrelazaron con momentos de júbilo, creando un mosaico de recuerdos que permanecerá grabado en sus corazones. Esta convivencia, empieza a marcar un final para una etapa significativa en sus vidas, preparándolos para el vuelo hacia nuevos horizontes que les espera tras la graduación.