Inspirada en la cita bíblica de Mt 9,10 – 13, el pasado 18 de febrero la comunidad Colombo Americanista vivió la celebración católica del Miércoles de Ceniza: una jornada marcada por una experiencia significativa y profundamente espiritual, un alto en el camino para revisar la senda recorrida, mirar con los ojos del corazón, realizar cambios en profundidad y renovar el compromiso solidario con quienes hoy sufren.
Hacia media mañana, la celebración inició en la sección de preescolar. Allí, la magia de los personajes que dramatizaron la perícopa del árbol y los frutos fue el recurso que permitió a nuestros hermanos más pequeños comprender el valor del autocuidado, el respeto, la empatía y las buenas acciones hacia los demás, como “nutrientes” fundamentales para crecer altos y fuertes, a semejanza de los grandes árboles, y así dar buenos frutos y ofrecer sombra a quien la busca.
A continuación, se desarrolló la celebración en las secciones de primaria y bachillerato. El encuentro giró en torno a tres elementos esenciales de la vivencia religiosa: la escucha de la voz de Dios en nuestros días; la “desintoxicación” de aquello que hoy nos detiene en el crecimiento espiritual; y la identificación de personas concretas, con nombre propio, que necesitan de nuestros brazos y manos para avanzar juntos por los caminos de la misericordia. Estudiantes, docentes y personal administrativo participaron activamente en los momentos propuestos, acompañados por el padre Robert Díaz y con el apoyo del equipo docente del Área de Formación Humana del CAS.
Al cierre del acto religioso, se invitó a toda la comunidad CAS a reflexionar sobre la situación que padecen cientos de hermanos colombianos en la región de Córdoba a causa de la emergencia natural. Asimismo, se animó a materializar nuestro compromiso de conversión, oración, ayuno y caridad, mediante una acción solidaria de recolección de elementos de primera necesidad: alimentos no perecederos, productos de aseo personal y prendas adecuadas para clima cálido.
Finalmente, esta jornada marcó el inicio del tiempo cuaresmal y dejó un recordatorio esencial: la importancia de detenernos y traer a la memoria los pasos que vamos dando por la senda de la vida, para reflexionar y renovar el compromiso de ser mejores personas cada día. Un cambio que inicia en el viaje interior, pero que está llamado a trascender las fronteras de nuestro propio ser para salir al encuentro del otro, especialmente de quien hoy nos necesita.
