Como docente de Lenguaje de Prekínder, tuve la valiosa oportunidad de realizar un taller dirigido a los padres de familia, con el objetivo de compartir los contenidos y habilidades que trabajamos durante el año en el aula y, sobre todo, hacerlos partícipes activos del proceso formativo de sus hijos. Durante el taller, los padres vivieron una experiencia significativa a través de los cuatro ejes fundamentales del lenguaje.
En el Eje Lector, comprendieron que el amor por la lectura se siembra desde los primeros años, incluso antes de que los niños lean de manera convencional. A través de una historia, reflexionamos sobre cómo cada momento de lectura compartida fortalece no solo la comprensión, sino también el vínculo afectivo. Se brindaron estrategias prácticas para enriquecer este espacio en casa mediante preguntas indagadoras como: “¿Qué crees que pasará?”, “¿Por qué el personaje está triste?” o “¿Qué harías tú en su lugar?”, promoviendo así el pensamiento crítico y la imaginación. Los padres participaron activamente, se divirtieron construyendo una historia colectiva y la compartieron con entusiasmo.
En el Eje Escucha, a través de juegos dinámicos y participativos, trabajamos el reconocimiento de sonidos iniciales y finales de las palabras, así como la identificación de rimas. Los padres pudieron evidenciar cómo estas actividades, además de ser divertidas, fortalecen la conciencia fonológica, una habilidad esencial que prepara a los niños para su futuro proceso lectoescritor.
En el Eje Escribir, se destacó que la escritura no comienza cuando el niño forma letras, sino mucho antes. Mediante la manipulación de diversos materiales, se mostró cómo el desarrollo de la motricidad fina, la coordinación y el control del trazo constituyen la base del proceso escritor. Poco a poco, se avanza hacia la realización de distintos tipos de trazos que abren el camino a la escritura formal, hasta llegar a la etapa silábico-vocálica, momento clave en la construcción del sistema escrito.
Finalmente, en el Eje Hablar, se resaltó el valor del juego simbólico como herramienta fundamental para potenciar la expresión verbal y corporal. A través de la dramatización del cuento trabajado, los padres asumieron distintos roles y, desde su creatividad, construyeron nuevos diálogos, comprendiendo de manera vivencial cómo se fortalece la seguridad, la confianza y la capacidad comunicativa en los niños.
Este espacio permitió reafirmar que cuando familia y escuela trabajan de la mano, cada palabra, cada historia y cada juego se convierten en una oportunidad para formar comunicadores seguros, críticos y felices.
