Hay momentos en el colegio que se quedan guardados no por lo que dicen los libros, sino por lo que se siente en el aire. El pasado Día del Idioma, los 77 estudiantes de la Promoción 2026 hicieron algo que pocas veces se ve: se olvidaron de las individualidades para convertirse en una sola fuerza creativa. No fue la típica obra de teatro escolar; fue un despliegue de talento, autonomía y, sobre todo, una crítica valiente a un mundo que nos quiere dormidos frente a las pantallas.
Ver a los 77 trabajando al unísono fue un espectáculo en sí mismo. Mientras unos daban vida a personajes tan humanos y rotos como la ambiciosa Directora o el idealista Ramiro, otros, desde las sombras, controlaban la tecnología, la escenografía y la utilería con una precisión de profesionales. La música en vivo y las voces de nuestros cantantes le pusieron alma a una historia que nos sacudió a todos. Nos hicieron reír con el cinismo del “Coro de Noticias” y nos dejaron en un silencio profundo cuando Valentina se desmaquilló frente al espejo, confesando que se sentía solo un producto más.
Pero el momento que realmente nos llegó al corazón fue el de Doña Ligia. Verla ahí, sola, representando a tantos de nosotros que le creemos a la pantalla por miedo a la soledad, fue un golpe de realidad necesario. Cuando ella finalmente decidió apagar el televisor para empezar a ver el mundo con sus propios ojos, el auditorio entendió el mensaje: la Promoción 2026 no solo sabe actuar, bailar y cantar con un talento desbordante; sabe pensar por sí misma. Gracias, muchachos, por recordarnos que la verdad no se vende y por demostrarnos que, cuando trabajan unidos, son capaces de mover el mundo.
¡Qué orgullo verlos crecer así!
