Durante el inicio del curso del IB, llegué con altas expectativas, ya que anteriormente había recibido una completa introducción al funcionamiento del programa y a los resultados que podría obtener al finalizar este camino. Estos se veían bastante prometedores, especialmente en relación con la posibilidad de estudiar en el exterior y con los múltiples beneficios que podríamos notar como estudiantes al llegar a la universidad. Además, consideraba que una de las partes más emocionantes del proceso era que el IB podría servirnos como una guía hacia nuestras carreras soñadas. Ahora bien, a lo largo de los primeros días percibir casi de inmediato el nivel académico al que todos nos enfrentaríamos durante estos dos años. Asimismo, noté cómo la exigencia incrementaba gradualmente, lo que también me permitió reconocer el gran apoyo que mis profesores me brindaban frente a cualquier trabajo o duda que surgiera durante mi proceso de aprendizaje. Aunque esperaba que el curso fuera demandante, la realidad me demostró que sería incluso más desafiante y retador de lo que había imaginado.
A su vez, desde mi postura como estudiante durante estos 100 días, estuve enfrentando múltiples retos que ya tenía en expectativa; sin embargo, como lo mencioné antes, la realidad demandaba mucho más esfuerzo del que había imaginado. Bien es sabida la exigencia académica durante el curso, pero algo de lo que no estuve completamente consciente al inicio fue de la alta demanda en producción escrita y lectora. En algunas materias, por no decir en todas, la lectura representaba un gran porcentaje del desarrollo temático; no obstante, a lo largo del camino fuimos aprendiendo diversas técnicas para sacar el mayor provecho de ella y, por ende, mejorar nuestra producción escrita, lo que fortaleció nuestra capacidad de pensamiento crítico, una de las bases fundamentales del curso.
En este sentido, algo que sin duda llamó mi atención fue el cambio en mi forma de estudiar. Personalmente, siempre he tenido el hábito de repasar y estudiar los contenidos de las materias desde hace bastante tiempo; sin embargo, durante este proceso fui adaptando ese hábito, utilizando el trabajo en clase y las temáticas planteadas no solo para fortalecer la retención del material en mi memoria, sino también para desarrollar una mayor curiosidad y una especie de “hambre” por seguir aprendiendo, con el objetivo de mejorar constantemente a lo largo del curso.
Además, gracias al desarrollo de esa curiosidad, de la motivación por indagar y de esa “hambre” por aprender, he ido construyendo aprendizajes que me han resultado muy útiles al momento de pensar de manera crítica y analítica. En otras palabras, desde mi perspectiva como estudiante, siento que he comenzado a descubrir y a pulir la habilidad de “ver las piezas del rompecabezas” y de entender lo que busca el IB de nosotros desde otra perspectiva: comprender cómo funciona cada concepto en su totalidad dentro de cada materia y cómo puede aplicarse no solo entre distintas asignaturas, sino también en la vida misma. Todo este conocimiento, más allá de enseñarnos a producir nuevo conocimiento, como TOK, materia troncal del programa, nos brinda herramientas supremamente valiosas para avanzar en nuestro proyecto de vida, alcanzar nuestras metas de manera exitosa y convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, desde el corazón y la virtud.
El haber recorrido estos primeros 100 días representa no solo un gran progreso desde el inicio hasta este momento, sino que también me ha permitido comprender una frase que siempre me ha gustado: “no se trata solo de la meta, sino de disfrutar también el camino hacia ella”. Muchas veces solemos pasar por alto la importancia de disfrutar el proceso y, por ende, nos enfocamos únicamente en llegar a la cima de la montaña; sin embargo, disfrutar el hecho de escalarla es lo que verdaderamente hace valiosa esta experiencia. Cada segundo de cada día que compartimos entre amigos y profesores es, sin duda, una parte de este camino que será inolvidable. Una dura caminata acompañada de una que otra risa se convierte en huellas que nos marcan y permanecen en nuestra memoria como una sensación de calidez al mirar hacia atrás y ver lo lejos que hemos podido llegar juntos, lo cual es otra de las cualidades en las que radica la belleza del IB.
Ahora bien, así como avanzamos a lo largo de este camino, también vamos creciendo no solo físicamente, sino como personas y en la construcción de quienes somos. Comenzamos a entender mejor la realidad del mundo que nos rodea y cómo incluso podríamos dejar nuestra propia huella en él y crecer de manera próspera. En este sentido, la visión que nos otorga el IB permite que vayamos adquiriendo una gran madurez y disciplina, las cuales también nos enseñan el camino hacia la excelencia académica y hacia el crecimiento en otros aspectos de nuestra vida, tanto en lo psicológico como en lo académico, social y personal.
Para concluir, una de mis mayores motivaciones frente a lo que viene en el futuro dentro del IB es dar lo mejor de mí para obtener resultados muy satisfactorios y así lograr una beca para mis estudios universitarios. Quiero seguir disfrutando cada día de esta escalada y vivir cada experiencia al máximo junto a mis amigos, creciendo y dando lo mejor de nosotros con la mayor calidez y disposición del alma.
