Aún recuerdo aquel camino por el que tuve que andar y detenerme algunas veces para alcanzar lo que hoy he logrado. Quiero reconocer que dichos méritos se los debo a mis profesores y a mi familia, quienes siempre estuvieron presentes para apoyarme y alentarme a recorrer una travesía que, en varias ocasiones, se me antojaba infinita. Pero aquel infinito, que se plegaba y desplegaba constantemente, revelaba, cada vez que creía haber llegado al final, una dimensión nueva que no sabía que existía y que dejó una huella valiosa en mi vida.
Todo comenzó el año pasado, cuando me preparaba para presentar los exámenes del programa de Cambridge: los IGCSE. Sentía una curiosidad constante por saber cómo serían y qué tan difíciles resultarían. Estaba presente la emoción de culminar el programa después de tantos años y dar el paso hacia el IB; pero también, de forma más sutil, se hacía sentir la zozobra que aquellos exámenes representaban. Eran como destellos de luz que se perdían en la oscuridad del ocaso, tan brillantes que resultaba imposible ignorarlos. Fue una experiencia que marcó mi forma de aprender y de comprender el mundo, especialmente en el área de Lenguaje.
Desde el primer momento, las lecturas propuestas por el programa se convirtieron en un hallazgo que disfruté genuinamente. No las sentía como una obligación, sino como una oportunidad para descubrir nuevas formas de ver la realidad y entender las razones por las cuales un autor decide expresarse de cierto modo. Era fascinante desglosar un texto, encontrar sus secretos y, finalmente, plasmar mis pensamientos y argumentos en las evaluaciones. Descubrí que los libros eran una ocasión para escribir sobre lo que pensaba, interpretar y defender mis puntos de vista, en lugar de verlos como un obstáculo. Este gusto por la asignatura facilitó que aquel camino exigente se transformara en una travesía que deseaba navegar.
Más allá de los resultados, el IGCSE me dejó herramientas que utilizo hasta el día de hoy. Mejoré notablemente mi ortografía, aprendí a redactar ensayos en menos tiempo y a planificar mis escritos con mayor coherencia y precisión. Desarrollé una comprensión lectora más profunda y un pensamiento crítico que me permite descifrar lo que dice, silenciosamente, cada palabra. Estas bases han sido esenciales para mi proceso en el IB: leer con atención, analizar con criterio propio, pensar con rapidez y escribir con claridad en poco tiempo son habilidades que aplico constantemente. Aquel camino que en el pasado creía interminable se convirtió en el cimiento de mi formación académica y, sobre todo, en una dimensión que se abrió en mí para mostrarme lo que deseo construir en el futuro.
